domingo, 21 de octubre de 2012

El destinatario
La edad del lector hay que tenerla en cuenta, pero nunca como criterio definitivo, pues es más importante valorar su momento evolutivo desde el punto de vista psicológico, sus gustos, su historial lector (los itinerario de lectura que ha seguido hasta ese momento) y su nivel de conocimiento y manejo de las diferentes estrategias de comprensión lectora.
«Cada edad tiene su aquél »
De 0 a 18 meses: Predominarán las ilustraciones que serán coloristas y estimulantes y favorecerán la interacción niño/adulto. Historias con un texto mínimo. Fotografías de objetos familiares permitirán al niño conectar lo impreso y el mundo real. Los libros serán de cartón resistente y seguro (con bordes redondeados), pero también de plástico, madera, o distintos tipos de tejidos. Su tamaño permitirá que el niño los sostenga solo y pueda pasar las páginas. Se incluirán sonidos y un tacto cálido y variado.
De 18 meses a 3 años: Ilustraciones sugerentes y fotos para mirar y hablar con el adulto. Poesías, canciones y juegos acumulativos para repetir. Textos mínimos apoyados en una pequeña historia narrada en imágenes (o pictogramas) e historias para ocasiones especiales (cambio de pañales a orinal, nacimiento de hermano, caída del primer diente...). Acción dinámica y ágil. Lenguaje claro y de calidad pero no ñoño. Proporción texto/imagen. Las imágenes de objetos cotidianos con un texto repetitivo permiten iniciar el desarrollo de las habilidades de lectura. Variedad de formatos, tamaños y propuestas gráficas que aumenten su interés por descubrir el mundo de los libros.
De 3 a 5 años: Historias que les diviertan expresadas con sencillez, no por ello triviales ni pobres. Debe hablarse con los niños de casi todo, aunque es muy importante la forma en que uno se exprese, para que ellos escuchen sin perder la atención. Libros de poemas para recitar con el niño y que éste pueda memorizar
De 6 a 8 años: Historias de animales domésticos que hablan, cuentos maravillosos, máquinas personificadas, ambiente familiar (hogar, escuela, juego...) y humor. Han de evitarse siempre las reflexiones que el niño no pueda entender, la crueldad y el terror, el sentimentalismo (sensibilidad, no sensiblería), la metáfora pura (no la comprende) y las descripciones minuciosas
El contenido será adecuado a la edad del niño y a sus intereses. Con argumento, suspense y aventura. Debe haber continuidad de acciones o de movimientos. Pocos personajes, para no desviar la atención del niño. Escrito en estilo directo, con diálogos frecuentes. Onomatopeyas de animales o de acciones o movimientos. Desenlace rápido y siempre feliz. No muy largos, comprensibles y convincentes. Impregnados de alegría y buen humor. Serán atractivos visualmente. Las ilustraciones –preferiblemente en color– deben estar sincronizadas con el texto para reforzar la comprensión.

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